El asco: la función de esta emoción en nuestra salud mental

Si hablamos dele asco, se cree que esta emoción surgió hace miles de años como respuesta adaptativa para protegernos de posibles amenazas para nuestra supervivencia. Nuestros antepasados necesitaban saber qué comer o tocar, y qué evitar para sobrevivir. Vamos a conocer más sobre el asco y su función adaptativa en la vida.
El asco nos ayuda a a evitar cosas que pueden ser perjudiciales o peligrosas para nuestra salud. Por ejemplo, si abrimos la nevera y vemos que hay un alimento con moho, no lo comeremos ya que eso podría producir ciertas enfermedades. Por lo tanto, el asco es una respuesta de protección importante para nuestra supervivencia.
Algunas manifestaciones físicas pueden ser las siguientes:
Náuseas.
Vómitos.
Escalofríos.
Fruncir el ceño.
Arrugar la nariz.
Retroceder y/o alejarnos.
Estas respuestas las genera nuestro sistema nervioso autónomo y es la forma que tiene nuestro cuerpo de protegernos.
Existen dos leyes que rigen la emoción del asco:
Ley de la similitud. Las cosas que son iguales o parecidas a lo que nos da asco también se convierten en cosas desagradables. Por ejemplo, cuando tenemos asco a las cucarachas probablemente también nos den asco los saltamontes y otros bichos.
Ley del contagio. Si algo nos da asco, no queremos que esté en contacto con nuestras cosas. Por ejemplo, si nos da asco que alguna persona beba de nuestra botella, evitamos que ciertas personas beban a morro.
Asco VS fobia.
En algunos casos el asco puede derivar en fobia. Los síntomas de la fobia suelen ser más graves e interfieren en nuestra vida diaria.
Características de las fobias:
Miedo o malestar cuando se está en presencia de un objeto o una situación concreta.
El objeto o situación siempre genera ansiedad.
Se evita estar en contacto con el objeto o la situación.
El miedo o la ansiedad es mucho mayor al esperado para esa situación.
Miedo persistente que dura 6 meses o más y esto genera malestar significativo.
¿Cómo enfrentar al asco?
Son diferentes las actuaciones que podemos llevar a cabo para gestionar la emoción del asco, todas ellas complementarias entre sí:
Entender qué es el asco, cuál es su funcionamiento y qué consecuencias tiene para el organismo.
Relajación progresiva o Mindfulness puede rebajar ese estimulo aversivo.
Técnicas de respiración con el objetivo de relajarse.
Exposición gradual a cosas similares y después exposición final.
Si necesitas ayuda profesional para la gestión de la emoción del asco, puedes pedir más información o cita en nuestro Centro de Psicología.
Este artículo ha sido redactado por Isaac Gutiérrez,
alumno en prácticas del Máster Universitario de
Psicología General Sanitaria de
la Universidad del Atlántico Medio
en el Centro de Psicología Sonia García.
Artículo supervisado y editado por Sonia García.




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