El Blog de Sonia García

Psicología y Sexología para tod@s

Por qué la depresión va más allá de la tristeza




¿Es lo mismo estar triste que estar deprimido? Con frecuencia se utilizan indistintamente los términos tristeza y depresión para indicar que una persona se encuentra con bajo estado de ánimo y está atravesando una etapa difícil. Sin embargo, se trata de dos conceptos muy diferentes. Para comprender mejor por qué la depresión va más allá de la tristeza, voy a empezar hablando de cada uno de estos conceptos por separado.


Por su parte, la tristeza es una emoción que experimentamos todos los seres humanos ante la pérdida de una persona, un objeto o un objetivo importante para nosotros, lo que la convierte en una emoción desagradable. Es por este motivo por el que muchas veces no queremos estar tristes y tratamos de evitar sentirnos de esta forma. Sin embargo, la tristeza, junto con el resto de emociones, tanto agradables como desagradables, actúan como mensajeros del organismo que reflejan necesidades básicas que no están siendo debidamente cubiertas. Esto hace que las emociones sean especialmente importantes para nosotros al permitirnos lograr una adaptación óptima al medio que nos rodea puesto que, al modificar nuestros estados afectivos, influyen también en nuestro comportamiento. De esta manera, hacen que nos movilicemos para poder satisfacer dichas necesidades, ya sea mediante la toma de decisiones o pasando directamente a la acción.


Y, entonces, ¿de qué nos puede servir la tristeza? En primer lugar, provoca que entremos en una especie de ``modo de ahorro de energía´´. Esto hace que, cuando estamos tristes, necesitemos aislarnos del entorno que hay a nuestro alrededor para poder reflexionar sobre nuestra circunstancia o comportamiento. Así, al moderar nuestros niveles de activación, podemos adoptar un estado más pausado para observarnos e inspeccionarnos en profundidad y poner el foco de atención en nosotros mismos. Ser reflexivos facilita el análisis de la situación, y nos proporciona la oportunidad de restaurarnos y pensar en lo que está ocurriendo. En segundo lugar, fomenta el apoyo social, ayudándonos a vincular con los demás. Esto lo podemos ver cuando le contamos a alguien algo que nos ha hecho sentir contentos, y lo comparamos con cuando lo que le estamos contando es algo que ha supuesto un problema para nosotros. ¿No os ha pasado que después os sentís más unidos a esa persona? Esto es debido a que otra de las funciones de la tristeza tiene que ver con el refuerzo de los vínculos sociales, que aparece cuando expresamos por qué estamos tristes y hace que los demás quieran acercarse para ayudarnos. En consecuencia, podemos concluir que la tristeza es una emoción que tiene una fuerte función protectora con nosotros mismos, y de unión con el resto de personas.


Por todo esto, estamos hablando de una emoción, que como todas las demás, no debe ser eliminada, puesto que cumple una función importante para nosotros y nuestra adaptación al medio. Sin embargo, cuando esta emoción es muy frecuente, intensa, o dura mucho tiempo e interfiere de forma importante en la vida de la persona que la experimenta, puede estar manifestándose como un síntoma de un problema mayor, como, por ejemplo, un cuadro depresivo.


En la depresión, además de un bajo estado de ánimo presente casi todos los días, que también se puede manifestar como tristeza, irritabilidad, desesperanza o sensación de vacío, nos encontramos con otros síntomas que dificultan que la persona que los padece pueda desenvolverse adecuadamente en su día a día. Algunos de estos síntomas son:

  • Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades con las que antes sí se disfrutaba, que recibe el nombre de anhedonia.

  • Pérdida importante de peso sin hacer ninguna dieta.

  • Alteraciones en el sueño, como insomnio, o la existencia de un sueño excesivamente prolongado y profundo, denominado hipersomnia.

  • Fatiga o pérdida de energía presente casi todos los días, también llamado abulia.

  • Sensación subjetiva de inquietud o enlentecimiento que se manifiesta en forma de agitación o retraso psicomotor, y que está presente la mayor parte de los días.


Igualmente, se observan alteraciones en el pensamiento, caracterizadas por la existencia de ideas de contenido negativo y pesimista que aumentan el sufrimiento de la persona, y que giran en torno a una visión negativa de uno mismo, los demás, y el futuro. Además, puede aparecer dificultad para pensar y concentrarse, que se percibe como si el pensamiento se ralentizara (bradipsiquia). En consecuencia, estas alteraciones influyen sobre los niveles de atención, la memoria, la capacidad de aprendizaje, la fluidez verbal y el tiempo que se tarda en reaccionar a diferentes estímulos, que se vuelve más largo. Además, estas manifestaciones pueden aparecer junto con otros síntomas en el plano somático o corporal, entre los que se incluyen, dolores generalizados, cefaleas, mareos, falta de apetito, sequedad de boca, alteraciones en la respuesta sexual…


Se trata, por tanto, de un conjunto de síntomas extenso y variado, que hace que la depresión vaya más allá de la tristeza debido a que, lejos de favorecer una mejor adaptación al medio, en la depresión tiene lugar una interferencia profunda en el día a día de la persona que padece estos síntomas, resultando en muchas ocasiones altamente incapacitante.


Espero que este post os haya ayudado a comprender mejor ambos conceptos, y si después de leer este artículo has identificado alguno de estos síntomas, siempre que lo necesites puedes consultar con un profesional pidiendo tu primera cita con nuestro despacho aquí.


Esther Sánchez

Psicóloga Colaboradora en el

Despacho de Psicología Sonia García

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