La función de la emoción de la decepción y su impacto en la salud mental

La emoción protagonista de este artículo es la dececpción, esa emoción que trae a consulta a personas que temen profundamente decepcionar a alguien por miedo a ser rechazada y a otras que bajo su influjo son incapaces de salir de bucles y trampas mentales con situaciones, personas y hechos que les encapsula en un duelo con cuerdas invisibles que amarran a persona y la condenan a no avanzar,
La decepción aparece cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas, deseos o con la imagen que nos habíamos creado de una situación, de una persona o de nosotros mismos.
Todos generamos expectativas constantemente. Imaginamos cómo debería ser una relación, cómo esperamos que se comporte alguien, cómo creemos que saldrá un proyecto, etc. Cuando lo que ocurre se aleja de aquello que esperábamos, aparece la decepción.
La decepción también puede aparecer en nuestras relaciones. Cuando alguien en quien confiamos no actúa como esperábamos, podemos sentir que nos ha fallado. En estos casos pueden aparecer pensamientos como "me esperaba otra cosa de ti”.
Esta emoción puede ir acompañada de tristeza, frustración, enfado o, incluso, culpa. A veces no nos decepciona únicamente lo que ha ocurrido, sino también aquello que habíamos imaginado que iba a ocurrir y que finalmente no sucedió.
La decepción tiene una función importante: nos ayuda a reajustar nuestras expectativas. Nos permite descubrir que quizá habíamos idealizado una situación, que esperábamos demasiado de una persona o que necesitábamos tener en cuenta otras opciones. En cierto sentido, nos obliga a mirar la realidad tal y como es y no solamente como nos gustaría que fuera.
Sin embargo, cuando la decepción se convierte en algo constante, podemos empezar a interpretar muchas situaciones desde el pesimismo o la desconfianza. Podemos pensar "siempre me pasa lo mismo", "no puedo confiar en nadie" o "nunca voy a conseguir lo que quiero". Y ahí la emoción deja de ser únicamente una respuesta a una situación concreta y puede empezar a influir en nuestra manera de relacionarnos con el mundo.
También es importante recordar que decepcionarnos no significa necesariamente que alguien nos haya decepcionado. A veces somos nosotros quienes hemos creado unas expectativas demasiado elevadas o poco realistas. Por eso, aprender a diferenciar entre lo que esperamos, lo que necesitamos y lo que realmente podemos exigir a los demás puede ayudarnos a gestionar mejor esta emoción.
En muchas ocasiones, detrás de la decepción pensamos: "Esto no era lo que yo esperaba". Y aceptar esa realidad puede doler, pero también puede ayudarnos a reajustar nuestras expectativas, tomar decisiones más conscientes y seguir adelante sin quedarnos atrapados en aquello que imaginábamos que debía suceder.
Si necesitas ayuda profesional para la gestión de la emoción de la decepción, puedes pedir más información o cita en nuestro Centro de Psicología.
Este artículo ha sido redactado por Isaac Gutiérrez,
alumno en prácticas del Máster Universitario de
Psicología General Sanitaria de
la Universidad del Atlántico Medio
en el Centro de Psicología Sonia García.
Artículo supervisado y editado por Sonia García.





Comentarios