El Blog de Sonia García

Psicología y Sexología para tod@s

El enfado en los niños: aprende a entenderlo y gestionarlo



Cuando un niño desobedece las normas que le ponemos, está manifestando, primero, que entiende lo que le estás diciendo, y segundo, que no le gusta o que está en desacuerdo con lo que se le está pidiendo. Esto le permite desarrollar su inteligencia emocional, descubriendo, describiendo y sintiendo sus propias emociones. Por este motivo, que un niño proteste o intente saltarse las normas es algo sano, porque es indicador de un buen desarrollo, aunque a veces pensemos lo contrario.


Como ya he comentado en otras ocasiones, el enfado es una emoción más, y como el resto de emociones, tanto agradables como desagradables, no tienen signo positivo ni negativo, y tampoco se pueden juzgar ni calificar. ¿Por qué? Porque son los sensores que nos dan información sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Esto significa que no tenerlas en nuestro repertorio nos limita como personas. Sin embargo, estos sensores solofuncionan bien si nos paramos a escucharlos, y cuando no se aprende a identificar, describir y expresar adecuadamente el enfado, corremos el riesgo de responder dominados por la ira, o en el extremo contrario, actuar de forma sumisa conteniendo esta emoción para evitar un conflicto mayor. Cuando esto ocurre, nos encontramos con niños a los que les gusta todo, que dicen que sí sin rechistar y acatan todas las órdenes que se les da sin decir nada, adaptándose a cualquier plan que les propongan. Esto no debe confundirnos.


Adaptarse a las diferentes situaciones es una capacidad que se aprende, y que no debemos confundir con aceptar indistintamente cualquier orden venga de donde venga. Aquí, el niño se está limitando a callar y acatar lo que le imponen como consecuencia de la angustia que le produce que, cualquier otra actitud distinta a esa, pueda generar un problema con el otro. En otras palabras, está haciendo todo lo que puede por evitar un conflicto. Sin embargo, en el primer caso, el niño, mediante su protesta, está expresando que no está de acuerdo con lo que se le está pidiendo, e incluso está ofreciendo otras alternativas para cambiar lo que no le gusta hacer.

Entonces, cabe preguntarnos, ¿qué puedo hacer para evitar que mi hijo actúe llevado por la ira? Pues bien, para ello es necesario tener en cuenta lo siguiente:


1) Identificar el enfado. Cuando somos bebés, no separamos unas emociones de otras, y lloramos cuando algo no nos gusta, pero también cuando tenemos hambre o nos duele algo. No entendemos lo que nos pasa ni podemos hacer nada por ello, sino que dependemos de un adulto que conecte bien con nuestro malestar y sepa adivinarnos. Así, nos dirá ``venga anda, vamos a dormir, que lo que te pasa es que estás muerto de sueño´´. De esa forma, iremos aprendiendo poco a poco a detectar lo que nos ocurre y a buscar una solución orientada a cubrir nuestras necesidades. Pues con el enfado ocurre lo mismo. Así, cuando veamos a nuestro hijo con el ceño fruncido, apretando los labios y con los puños cerrados, tendremos que reflejárselo expresándole que le estamos viendo muy enfadado, y ayudarle a que nos diga qué es lo que le enfada. Aunque al principio es probable que tengamos que animarlo para que lo cuente.


2) Describir lo que acompaña a la irritación. Así, le ayudaremos a saber qué hace cuando se empieza a sentir enfadado, permitiéndole caer en la cuenta de ello para que más adelante pueda pararlo antes de que su rabia vaya a más.


3) Expresar y gestionar la emoción. Esta parte es en la que más necesitan que se les guíe porque es la más complicada. Aquí es imprescindible ofrecer alternativas a las reacciones agresivas que tendrían lugar si se dejara llevar por la ira, como dar patadas a los juguetes o pegar a la persona que tenga al lado. Hay que tener en cuenta que existen muchas formas de expresar el enfado. Algunos ejemplos son: gritando, arrugando bolas de papel y tirándolas a la papelera, lanzando calcetines contra la pared, dando golpes a una almohada… Eso sí, es importante dejar claro que vale todo menos hacerse daño a uno mismo, a los demás o a objetos valiosos.


En este punto, una actividad que puede resultarnos muy útil es lo que llamamos el frasco de la calma. Para ello, debemos coger un tarro, que llenaremos con agua, purpurina, pegamento de purpurina y algo de jabón. Así, podemos representar nuestro estado interno cuando estamos muy enfadados, nerviosos o frustrados, y compararlo con lo que ocurre cuando agitamos el tarro. Sin embargo, cuando paramos de moverlo y nos concentramos en la purpurina, podemos observar cómo poco a poco el remolino que se ha formado en el interior del frasco empieza a ir más despacio, y con él, notamos cómo disminuye también la intensidad de lo que estamos sintiendo en ese momento, hasta llegar a un estado de tranquilidad. Una vez alcanzada la calma, junto con la ayuda de un adulto, el niño podrá retomar el motivo del enfado y buscar soluciones desde la serenidad.


Si te ha gustado esta actividad o te gustaría aprender más sobre la gestión del enfado en niños, puedes consultar con un profesional pidiendo tu primera cita con nuestro despacho aquí.


En el Despacho de Psicología Sonia García contamos con un área específica en Psicología Infantil y trabajamos la gestión emocional en niños a diario.



Esther Sánchez

Psicóloga Colaboradora en el

Despacho de Psicología Sonia García

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